El director artístico de la Orquesta Sinfónica de Entre Ríos explicó a ANÁLISIS lo ocurrido en el Centro Cultural Juan L. Ortiz, donde el último concierto debió suspenderse por las condiciones de temperatura. Señaló que la sala se utiliza teniendo en cuenta la variable térmica y recordó un planteo que hizo público en 2024: Paraná necesita un espacio adecuado para la música sinfónica.
“Lo del sábado fue una ola de calor inesperada”. Así explicó Luis Gorelik, director artístico de la Orquesta Sinfónica de Entre Ríos, la situación que obligó a suspender el último concierto en el Centro Cultural Juan L. Ortiz, cuando el público ya se encontraba en la sala.
En diálogo con ANÁLISIS, Gorelik señaló que la temperatura de ese día fue “claramente inusual para esta época del año” y sostuvo que, de acuerdo con los pronósticos disponibles, el próximo fin de semana se esperan valores más propios de la primavera.
La Sinfónica tiene previsto volver al Juan L. Ortiz el sábado 3 de octubre. La fecha, como informó este medio, no surgió después de la suspensión: integra la programación acordada desde comienzos de año. El secretario de Cultura de Entre Ríos, Julián Stoppello, explicó además que no hay actualmente otra sala disponible para reemplazar ese espacio.
Gorelik defendió la continuidad de la programación anual de la Orquesta y destacó al Juan L. Ortiz como ámbito para este tipo de propuestas.
“Es importante para nosotros hacer el máximo esfuerzo para mantener la continuidad de nuestra programación anual y ofrecer a los públicos entrerrianos las mejores manifestaciones del arte musical”, expresó. También sostuvo que el Centro Cultural Juan L. Ortiz es “un espacio muy bien gestionado y de excelente convocatoria para eventos de este tipo”, aunque marcó una condición que la Orquesta tiene presente cada vez que programa allí: la sala todavía no dispone de un sistema de climatización.
“Siempre tenemos en cuenta la variable térmica, dado que el espacio aún no cuenta con un sistema de climatización. Por tal motivo, nuestros conciertos allí no se programan en los meses en los que hace mucho frío o mucho calor”, explicó.
El problema, esta vez, apareció fuera de esos períodos extremos. Una jornada con temperaturas excepcionalmente altas para fines de septiembre alteró lo previsto y terminó con la suspensión de la función.
Un problema que va más allá de un concierto
En su respuesta a ANÁLISIS, Gorelik volvió también sobre una cuestión que viene planteando desde hace tiempo: la falta en Paraná de una sala concebida específicamente para una orquesta sinfónica.
“Mientras tanto, seguimos soñando con la existencia de una sala de jerarquía en Paraná”, señaló.
No es un planteo nacido después de lo ocurrido el sábado. En 2024, Gorelik escribió un artículo titulado El sueño de un auditorio para la región, en el que repasó los distintos espacios por los que fue pasando la Sinfónica y las dificultades que presenta cada uno.
Allí recordaba que la Orquesta actuó en el Teatro 3 de Febrero desde su creación, en 1948, hasta 2018. La sala, destacaba, posee una excelente acústica natural, pero el escenario quedó chico para la formación actual de la OSER, que después de completar su planta pasó de unos 60 músicos a 88.
Gorelik planteaba entonces que el Teatro podría volver a recibir determinados conciertos si se realizaran algunas adecuaciones: cubrir el foso para ganar superficie de escenario, adaptar la parrilla de luces e instalar la cámara acústica adquirida por la Provincia en 2011.
También se detenía en los otros espacios utilizados por la Orquesta.
De La Vieja Usina valoraba especialmente algo que ocurrió con el público: la sala, más pequeña y menos ligada al protocolo tradicional de un teatro, permitió acercar a personas que hasta entonces no frecuentaban conciertos sinfónicos. Su límite, señalaba, era justamente el reducido aforo.
Sobre el Centro Provincial de Convenciones, en cambio, destacaba sus dimensiones y la posibilidad de albergar grandes convocatorias. Allí se realizaron presentaciones como la de Martha Argerich, la Novena Sinfonía de Beethoven, la Segunda de Mahler y otros conciertos de gran formato. Pero Gorelik reconocía también lo evidente: el CPC no fue construido como sala de conciertos.
La conclusión de aquel texto era directa: “Paraná merece un auditorio. Trabajemos para que el sueño se convierta en realidad”.
Dos años después, la suspensión en el Juan L. Ortiz vuelve a darle actualidad a aquella discusión.
No porque Gorelik cuestione ese centro cultural —por el contrario, acaba de destacar su gestión y su convocatoria— sino porque el episodio dejó a la vista una dificultad más amplia: la principal orquesta de la provincia continúa armando buena parte de su calendario entre salas que ofrecen ventajas diferentes, pero también presentan limitaciones para una formación de 88 músicos.
El sábado próximo la Sinfónica volverá al Juan L. Ortiz. La expectativa inmediata estará puesta en el concierto y también, inevitablemente después de lo ocurrido, en la temperatura. Detrás queda otra discusión, mucho más antigua y todavía sin resolver: qué sala necesita Paraná para escuchar a su Orquesta Sinfónica.
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