CULTURA
02 de Mayo de 2026
Fue multitudinario el show de La Renga en Gualeguaychú

El paso de La Renga deja a Gualeguaychú con mucho para analizar: el impacto económico frente a la alteración del orden urbano, la basura en las calles y la necesidad de infraestructura.

Sin embargo, en el balance artístico, el veredicto es unánime: la música volvió a ser sagrada y el ritual, una vez más, quedó cumplido.

A las 21:33, sucedió el estallido. Lo que comenzó como una escenografía sobria en blanco y negro se dinamitó en una explosión de colores, proyecciones psicodélicas y esculturas alegóricas que enmarcaban a Chizzo, Tete y Tanque. 

Desde lo estrictamente artístico, el trío demostró por qué sigue siendo la columna vertebral del rock argentino. El sonido fue impecable: una muralla sónica que se percibía nítida en cada rincón de la ciudad.

Si bien la voz de "Chizzo" Nápoli es el estandarte, la evaluación artística de la noche destaca un equilibrio instrumental magistral. Los solos de batería de Tanque y la potencia del bajo de Tete se impusieron por sobre la calidad vocal, logrando una amalgama técnica que solo décadas de ruta pueden otorgar.

El repertorio fue una comunión de clásicos y "perlitas" que los seguidores de ambos lados del Río de la Plata —se vio una fuerte presencia de banderas uruguayas— cantaron a coro de principio a fin durante casi tres horas de show.

Fuera del predio, la realidad económica marcó un contrapunto. Los vendedores ambulantes y puestos informales hablaron de una "malaria" evidente, con ventas por debajo de lo esperado pese a la marea humana que invadió sectores del parque Unzué y playas.

La cultura del consumo que rodea al banquete —remeras, gorros y comida casera— esta vez se enfrentó a un bolsillo más ajustado y a una competencia feroz de vendedores llegados de todo el país.

La desconcentración, pasada la medianoche, fue ordenada. Mientras algunos retornaban a sus hogares en un desfile de micros y traffics, otros estiraban el ritual en la costanera.

 

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