Argentina se encontró con un rival superior. Ganó el mejor y el fútbol le dio la derecha a la justicia. Hay que reconocerlo. Nada le quitará ni ensombrecerá todo lo que ha dado esta selección de Scaloni. Pero se encontró con un equipo que lo superó en todo. Llegó mejor al partido, demostró tener una solidez que a Argentina le faltó. No sufrió todo lo que debimos sufrir nosotros en el recorrido. Y en este partido marcó diferencias y jugó como juega un campeón, más allá de que todos teníamos la ilusión de que se repitiera lo del segundo tiempo con Inglaterra, cuando al coraje, el tesón y la garra (virtudes que nos trajeron a esta instancia), se le agregó fútbol. No fue así. Argentina no llegó en los 90 minutos, no pateó al arco, Rodri manejó la pelota todo el partido y en el suplementario pudo vencer la resistencia del Dibu, la figura argentina y sostén de un 0 a 0 que se prolongó demasiado en el tiempo.
Al ritmo del partido lo impuso España desde el comienzo. La variante que Scaloni tenía escondida bajo la manga (la salida de Paredes y el ingreso de Nicolás González) no le dio demasiado resultado ofensivo. Frenó un poco la subida de Porro por derecha, porque la posición de González fue bien abierto por izquierda, en un 4-4-2 que el equipo respetó pero en un sector de la cancha en el que España tuvo un mejor manejo de la situación a partir de Rodri, el volante central que se hizo eje del equipo y dueño del mediocampo.
De todos modos y a pesar de que España tuvo más la pelota, no hubo situaciones claras frente al arco de Emiliano Martínez, a no ser un mano a mano de Lamine Yamal entrando por derecha que terminó rebotando en el cierre de un defensor y terminó en las manos del arquero argentino, más un disparo de media distancia de Oyarzábal que el Dibu detuvo sin mayores problemas.
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