La victoria del dirigente del Partido de los Trabajadores (PT), de 80 años, fue proyectada por el instituto Datafolha cuando el Tribunal Superior Electoral (TSE) había contabilizado el 86,41% de las urnas y el mandatario obtenía el 51,45% de los votos válidos, frente al 48,55% de su adversario, representante del Partido Liberal (PL).
El resultado significó una remontada electoral para Lula, que había terminado segundo en la primera vuelta del 4 de octubre, cuando Flávio Bolsonaro obtuvo el 47,03% de los sufragios válidos, equivalentes a 56,1 millones de votos, contra el 45,16% y 53,8 millones del actual presidente.
La jornada electoral estuvo atravesada por una decisión extraordinaria del Supremo Tribunal Federal (STF), que ordenó extender hasta las 19 el horario de votación, inicialmente previsto hasta las 17, después de que ambas campañas presentaran reclamos por dificultades que afectaban el traslado de los ciudadanos a los centros electorales.
La resolución fue adoptada por el juez Cristiano Zanin, a raíz de denuncias relacionadas principalmente con problemas en el transporte público en el estado de Bahía, además de inconvenientes meteorológicos señalados en otras regiones del país.
La medida alteró el desarrollo habitual del escrutinio, ya que el TSE había comenzado a difundir resultados cuando apenas se había contabilizado el 0,25% de las secciones electorales. En ese momento, Lula registraba el 57,66% de los votos contra el 42,34% de Bolsonaro, pero la publicación de los datos quedó suspendida hasta que finalizara el horario.
La jornada electoral estuvo atravesada por una decisión extraordinaria del Supremo Tribunal Federal (STF), que ordenó extender hasta las 19 el horario de votación, inicialmente previsto hasta las 17, después de que ambas campañas presentaran reclamos por dificultades que afectaban el traslado de los ciudadanos a los centros electorales.
La resolución fue adoptada por el juez Cristiano Zanin, a raíz de denuncias relacionadas principalmente con problemas en el transporte público en el estado de Bahía, además de inconvenientes meteorológicos señalados en otras regiones del país.
La medida alteró el desarrollo habitual del escrutinio, ya que el TSE había comenzado a difundir resultados cuando apenas se había contabilizado el 0,25% de las secciones electorales. En ese momento, Lula registraba el 57,66% de los votos contra el 42,34% de Bolsonaro, pero la publicación de los datos quedó suspendida hasta que finalizara el horario.
En una histórica jornada electoral marcada por denuncias y la extensión del cierre de las urnas, el presidente de Brasil y candidato del Partido de los Trabajadores (PT), Luiz Inacio Lula da Silva, logró una remontada inédita en la historia del país y se impuso con el 51,75% de los votos frente al senador y candidato del Partido Liberal (PL), Flavio Bolsonaro, que obtuvo el 48,25%. El líder de la izquierda nacional cumplirá así, a sus 80 años (este martes cumplirá 81 años), un segundo mandato consecutivo, convirtiéndose en el primer mandatario brasileño en estar cuatro veces al frente del Palacio del Planalto.
El l mandatario participó en su séptima elección presidencial y consiguió un resultado que modificó un antecedente histórico de la política brasileña. Desde 1989, todos los candidatos que habían encabezado la primera vuelta terminaron ganando la presidencia.
Después de conocer los resultados iniciales, Lula reconoció que la diferencia lo había sorprendido, aunque manifestó su confianza en revertirla. Durante la segunda etapa de la campaña, el PT intensificó la movilización de sus simpatizantes y concentró sus propuestas en las políticas sociales, la inversión pública y la protección ambiental.
Brasil, la mayor economía de América Latina, se mantiene así al margen de la ola de gobiernos afines que el presidente norteamericano, Donald Trump, consolidó en la región. Lula hizo de la defensa de la soberanía nacional uno de los ejes de su campaña y planteó la elección como una disputa entre un país autónomo y uno subordinado a Washington. Con este resultado, por ende, Brasilia no se sumará al Escudo de las Américas ni declarará terroristas a las facciones criminales, una medida que el petista rechazó por considerar que abre la puerta a la injerencia extranjera.